La Batalla por Madrid

-¿Pero por qué no se rinden ya?

-¡Porque no nos da la gana! -fue la réplica.”

Trinchera y pasadizo abierto en la roca en el Parque Lineal del Manzanares

La presente introducción no tiene como razón de ser la descripción pormenorizada del inicio de la Guerra Civil Española. Más bien tratan de dibujar el contexto en el cual, posteriormente se podrá analizar más concretamente la historia de los restos del Parque Lineal. Así mismo tampoco deberá ser tenida en cuenta para concienzudos análisis históricos o técnicos sobre el conflicto, estando, como cabría esperar en casi cualquier texto que hable de nuestra guerra, no exenta de subjetividades.

El 17 de Julio del año 1.936 se producía una sublevación militar, de ideología fascista, en el corazón del ejército de Marruecos. El golpe de Estado se extendía a las pocas horas a la guarnición de las Islas Canarias y a la de Cádiz, donde llegó un Tabor de Regulares (batallón de tropas indígenas marroquíes) y la 5ª Bandera del Tercio de la Legión a bordo del transporte «Ciudad de Cádiz» y del destructor «Churruca». Se usa sombríamente así la Marina Republicana, que justo después mostrará casi al completo su lealtad a la República, quizá ya demasiado tarde, cuando la marinería lograra anular al reducido grupo de oficiales golpistas.

El día 18 “los «resortes del poder» habían saltado en todas partes o estaban a punto de saltar. Las ocho regiones militares, la comandancia exenta de Asturias y las de Baleares siguieron el camino de las fuerzas armadas de Marruecos y Canarias el día 17. El hecho consumado, saliendo a la calle y proclamando el estado de guerra, dependió en cada sitio de diversos factores”. Así nos cuenta Juan Modesto como la pasividad del Gobierno de la República, en un desesperado intento de evitar el baño de sangre, deja vía libre a los mandos de los distintos acuartelamientos para secundar el golpe militar.

Desde aquí pretendemos modestamente situar el contexto que precedió a la Batalla por Madrid, destacando acontecimientos que creemos relevantes o que pudieron influir en esta acción de guerra. Sólo así podremos entender el porqué de los restos que hoy se encuentran en el Parque Lineal y alrededores, el quien, el cómo y el cuándo de un comportamiento humano que hoy queda desdibujado en la parquedad de los estériles cortados yesíferos que bordean al Manzanares.

EL INICIO DE LA GUERRA EN MADRID: DEL CUARTEL DE LA MONTAÑA AL EPR.

La Batalla por Madrid debería esperar al mes de noviembre, tras el veloz avance de las tropas rebeldes viniendo del sur. Pero antes incluso de este rápido avance Madrid ya estaba sitiada por el norte. El golpe de Estado triunfó por encima de la sierra de Guadarrama, ante quizá cierto desacierto del Gobierno, siendo el general Mola (desde Pamplona) su máximo responsable. Sin embargo este ejército carecía del empuje y la experiencia de las tropas de Marruecos, además de tener importantes problemas de aprovisionamiento. Hasta no tener el apoyo del ejército del sur, una vez tomado Badajoz, no hubo cambios importantes en la situación estratégica.

Mientras, en el sur, Queipo de Llano imponía violentamente el triunfo nacionalista en Sevilla, esperando la urgente ayuda del ejército de África, que llegaba con cuentagotas en arriesgados vuelos con viejas aeronaves. El estrecho estaba en poder de la marina republicana pero, en un grave error táctico, se permitió el paso una a una de las diferentes banderas de la legión. Los días siguientes al 17 de julio sirvieron para armar las columnas africanas, las de la “Muerte”, que desde el sur, abrigados y defendidos por la frontera portuguesa, deberían enlazar con el ejército del Norte y tomar Madrid de inmediato.

Son los primeros días de la sublevación militar y la República desconoce con qué fuerzas cuenta. Parte del ejército permanece fiel al Gobierno democrático, pero en muchas ocasiones los mandos titubean y es la población civil quien se encarga, mal pertrechada e incluso parcialmente desarmada, de la defensa de su ciudad o de su pueblo.

En Madrid hay cierto desorden y en un primer momento son pistoleros proinsurgentes los que toman las calles principales y los edificios más accesibles a sus propósitos, disparando abiertamente a la población, con el objetivo de extender el terror y así ablandar la salida de las tropas de sus cuarteles y evitar lo que posteriormente sucedería.

Situación de la sublevación militar en julio de 1.936
Fuente: Instituto Bachiller Sabuco Albacete
(http://www.sabuco.com)

Dos días después del golpe de Estado, el general Fanjul, conspirador contra la República, entra de paisano con total libertad en el Cuartel de la Montaña (muy cerca del emplazamiento actual del Templo de Debod), para hacerse con las tropas y tomar los puntos vitales de la capital. No hace esto y en su lugar proclama el estado de guerra y se atrinchera en las instalaciones militares.

Juan Modesto (Yo Soy del Quinto Regimiento):

Cuando el pueblo en la calle, en poderosas manifestaciones, pedía «armas», el Gobierno respondía esta vez en una Nota Oficial, radiada a las 15.15: «…el mejor concurso que se puede prestar es garantizar la normalidad de la vida ciudadana para dar un ejemplo de serenidad y confianza en los resortes del poder.»

El Cuartel de la Montaña guarda en sus instalaciones más de 50.000 cerrojos de fusil, imprescindibles para los correspondientes fusiles que estaban en poder de la República. Aunque el Estado Republicano se negó en un principio a dar armas a la población civil, la situación se hará insostenible ante el rápido avance nacionalista y el Cuartel de la Montaña es tomado al asalto por guardias leales y cientos de ciudadanos civiles de Madrid el día 20 de julio, con la ayuda de la aviación, ya que las milicias apenas podían disponer de armas.

La toma del cuartel causa numerosas bajas en ambos bandos y aún hoy es controvertido en su desarrollo, ya que dentro del propio edificio, una buena parte de los militares quisieron permanecer fieles a la República, siendo represaliados allí mismo. El asalto final produjo desmanes por parte de una exaltada muchedumbre.

El dibujante Helios Gómez, junto con un grupo de trabajadores,
en corbata... probablemente la gente salió de sus oficinas y puestos de
trabajo ante la noticia de la sublevación del Cuartel de la Montaña, en
el mismo corazón de Madrid, a combatir de manera ciertamente improvisada.
Muchos de ellos murieron en el feroz asalto.
Fuente: http://barahona.blogcindario.com/

La toma del Cuartel de la Montaña es paradigma del desorden de la totalidad de lineas republicanas al comienzo de la guerra, de las que no se conocían efectivos o estos estaban desprovistos de medios materiales para responder a la agresión militar armada. Tal confusión en las atribuciones y en la organización fue, a pesar de la creación del Ejército Popular Republicano (EPR) en octubre del 36, la asignatura pendiente de las tropas leales durante todo el conflicto.

El EPR integró de la mejor manera posible a los militares que guardaron lealtad, los medios materiales que estos controlaban y las distintas milicias de civiles que de manera espontanea se fueron creando alrededor de las organizaciones sociales, políticas y sindicales. Frente al EPR se encontraba un ejército bien equipado y, especialmente el que avanzaba sobre Madrid, entrenado en la guerra de África.

Quizá por todo esto, las columnas sublevadas avanzaron con cierta rapidez, aunque encontrándose a su paso con tenaces resistencias alentadas por el ideario republicano, que con más pasión que acierto táctico, defendieron con sus vidas la toma de Madrid. Poblaciones y gentes que, como la de Badajoz, se encuentran a cientos de kilómetros de la capital madrileña.

En esta enrarecida atmósfera se comienza a fraguar la Batalla por Madrid y la población, pese a lo pensado por las tropas golpistas y por los propios responsables republicanos, se atrinchera. Se comienzan a hacer fortificaciones, polvorines, trincheras, parapetos, nidos para armas automáticas y un sinfín de construcciones de diversas características, heterogéneas y en un primer momento mayoritariamente civiles, en diversos puntos de la ciudad considerados de importancia estratégica.

EL CAMINO HACIA MADRID: BADAJOZ

Corría el mes de Noviembre de 1936 y las tropas nacionalistas se preparaban para un rápido asalto a la capital de la España Republicana. El ejército de África, que mezclaba tropas de legionarios y tabores marroquíes, saltaba de Sevilla a Badajoz y de allí a Toledo, desde donde lanzaba el órdago a las desorientadas milicias que defendían Madrid.

El rápido avance de las tropas nacionalistas hacia Madrid era un preludio de la Blitzkrieg, la “guerra relámpago” que llevaría a cabo la Alemania Nazi en la Segunda Guerra Mundial. El objetivo era llegar a Madrid lo antes posible para defenestrar al Gobierno Republicano y así hundir las expectativas y moral de un ejército de circunstancias.

La “Columna de la Muerte” fue el sobrenombre de estas tropas que empezó a circular por la España republicana. No era casual y la historia de Badajoz no ayudaba. Bajo el abrasador sol de agosto se pudrieron en sus calles cientos de milicianos asesinados indiscriminadamente tras la conquista, a sangre y fuego, de la ciudad por el entonces teniente coronel Yagüe, quien no tiene reparos al confesar, entrevistado por el periodista estadounidense John T. Whitaker, lo siguiente:

Juan Yagüe (Teniente Coronel nacionalista):

“Claro que los fusilamos. ¿Qué esperaba? ¿Suponía que iba a llevar cuatro mil rojos conmigo mientras mi columna avanzaba contrarreloj? ¿Suponía que iba a dejarles sueltos a mi espalda y dejar que volvieran a edificar una Badajoz roja?”

Los habitantes pacenses habían sufrido la noche del 12 de agosto un bombardeo aéreo que, junto a la artillería que asolaba las antiguas murallas de la ciudad, permitió a Yagüe abrir una brecha en la defensa del siglo XVIII y entrar en una población sin luz y absolutamente destrozada. Para ello la colaboración de las autoridades portuguesas fue crucial. Dos batallones republicanos defendieron Badajoz frente a los catorce nacionalistas que la tomaron el día 14.

Lo que vino después fue un secreto a voces contado por los propios periodistas que viajaban y simpatizaban con el ejército sublevado: “Hay quien habla de 2000 fusilados” - señala el periodista portugués Mario Neves - “No deben de ser tantos...” - respondió Yagüe.

En Noviembre de 1.936 comienza la Batalla por Madrid al ser cercada la ciudad.
Por el sur las tropas de África intentarán entrar a “fuerza viva”
Fuente: Instituto Bachiller Sabuco Albacete (http://www.sabuco.com)

El ejército de África, vencido Badajoz, enfila el río directo a Madrid, para pasar a llamarse el “Ejército del Tajo”. En ese trayecto la República no disponía de fuerzas adecuadas para repeler la agresión del Tercio y de los Regulares indígenas, dibujándose una situación nada propicia para la defensa, comentada esta de manera inmejorable por Juan Modesto. Las tropas leales, sin apenas formación, sorprendidas la mayoría de las veces por una vivísima agresividad rebelde, y casi siempre muy complicadas de gobernar en campo abierto, se vieron una y otra vez arrolladas por las del Tajo en su camino a Madrid:

Juan Modesto (Yo soy del Quinto Regimiento):

“En ellos se enfrentaron un ejército organizado [...] -infantería, artillería, caballería y aviación-[...] cuyos combatientes eran soldados de oficio, algunos con diez-quince años de profesión, dotado abundantemente de material, contra formaciones milicianas en gran inferioridad numérica, de las que las más hechas tenían de 7 a 8 semanas de vida, equipadas con armamento de fortuna y poquísima munición[...]”

La horrible experiencia extremeña es crucial, ya que enardece los sentimientos e infunde el pánico en los habitantes madrileños. Las milicias, fuera de control por parte del Estado republicano, imparten justicia sumarísima, sucediéndose actos de dudosa valentía en un Madrid que creía ser el próximo Badajoz, abonado por el terror e inmerso en un vacío de poder por la salida el 6 de Noviembre del Gobierno Legitimo hacia Valencia. Madrid parecía entregado así a los golpistas.

El 7 de Noviembre, recuperado el Alcázar de Toledo por las tropas rebeldes y en camino veloz y directo hacia Madrid, se producen los lamentables fusilamientos de Paracuellos, por distintas milicias republicanas, en una ola de locura revanchista y de total desgobierno. En este contexto, mientras las bombas alemanas e italianas comienzan a asolar Madrid, los oficiales prisioneros en la Cárcel Modelo son trasladados a lugares más alejados del frente para evitar su nuevo reclutamiento por los insurrectos. Serán posteriormente interceptados para ser fusilados y enterrados en fosas comunes. La República, tardará aún un tiempo en controlar este tipo de situaciones, aunque partir de diciembre no volverá a haber hechos significativos de este tipo en la retaguardia republicana.

El terror de los bombardeos se estrena a nivel mundial en la capital de España, y la enigmática sombra de la “quinta columna” planea sobre la capital. El general Luis Mola habla de ella preguntado por un periodista sobre cual de sus columnas tomaría primero Madrid. Mola responde que “la quinta”, columna inexistente. Era la estrategia que seguirían decididamente los sublevados en la batalla de Madrid, generando y manteniendo un terror muy rentable, heredado directamente de los acontecimientos de Badajoz. El propio Mola, seguro de su superioridad, anuncia que tomará un café en alguna castiza calle de Madrid.

EL AVANCE: LA DEFENSA. MADRID SE ATRINCHERA.

José Miaja:
General a cargo de la defensa de Madrid
Vicente Rojo,
Jefe de la defensa de Madrid (Estado Mayor
de las Fuerzas de Defensa

En octubre es nombrado jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa a Vicente Rojo, encargado desde ese momento por la Junta de Defensa de diseñar un plan para la resistencia de Madrid. Estará al mano del General José Miaja, presidente de la Junta de Defensa de Madrid. El Gobierno se refugia en Valencia el 6 de noviembre ante la inminencia de la caída madrileña.

La Junta de Defensa se crea para aliviar el gran vacío de poder que se produce en la capital tras el traslado de todos los Ministerios a Valencia. Es el Ayuntamiento en funciones en los finales del 36 y comienzos del 37. El objetivo de esta Junta era evitar la desbandada general y guardar lo mejor posible las formas de un Madrid donde eran frecuentes las “checas” milicianas, además de eliminar cualquier movimiento “quintacolumnista” e intentar una defensa de Madrid que a esas alturas ya nadie creía posible. La tarea parecía inviable y sin embargo el plan defensivo diseñado por Vicente Rojo fue magistral.

El ataque a Madrid, noviembre de 1.936.
Se destaca la posición de la Casa de Campo, por donde entran
las tropas rebeldes, y la del municipio de VillaVerde donde se
combate duramente por el control del Cerro Basurero.
Fuente: Instituto Bachiller Sabuco Albacete (http://www.sabuco.com/)

Desde Toledo avanzaban las tropas africanas que debían entrar en Madrid y el 6 de noviembre es tomado el pueblo de VillaVerde, lo que hoy es VillaVerde Alto, lugar que las tropas rebeldes usarán como centro de mando. El día 7 las tropas nacionalistas avanzan por la carretera de Toledo a través del municipio de VillaVerde y es allí donde los soldados republicanos cortan su avance. Establecido momentáneamente el frente, las tropas del Gobierno capturan un tanque enemigo en la carretera de Toledo, seguramente al norte de VillaVerde, y en su interior lo que más tarde resultó ser la orden de operaciones para la toma de Madrid. Un golpe de suerte en tiempos difíciles.

Enrique Lister:
Comandante del 5º Regimiento que defendía VillaVerde

El documento llega a Miaja quien no puede dar crédito de la inmensa torpeza y atrevimiento de los rebeldes. En los planes se establece, con cierto desprecio hacia el ejército contrario, que se tomará Madrid por la Casa de Campo, por sorpresa, y de ahí al Manzanares que sería cruzado por los puentes hasta la completa ocupación de la capital. Desde el Cuartel de la Montaña se pretendía tomar Madrid a “fuerza viva”. Se nombran incluso los puestos de mando de cada columna una vez finalizada la batalla. Resultaba evidente además que toda la operación debería durar a lo sumo un día, para evitar que el ejército republicano tomara posiciones y se atrincherara.

Los corresponsales de guerra de países afines a la causa rebelde, tendentes a adelantar las derrotas de los soldados leales, aprovechaban en sus fantásticas crónicas el vacío de poder generado por la marcha del Gobierno a Valencia. Incluso “hubo quienes, en sus alucinaciones, habían visto a los soldados del Tercio de Extranjeros en la Puerta del Sol y a la caballería mora cabalgando por la plaza de España.” (V. Rojo).

Estos planes tan optimistas, sin duda debidos al rápido avance desde el sur, presentaban un ataque directo e incisivo por la zona boscosa de la Casa de Campo, lo que dibujaba un frente envolvente para las tropas republicanas. Tal posición de favor, regalada por la mala planificación del enemigo, precipitó el contraataque de Barceló y Galán por el flanco derecho y Prada y Lister por el izquierdo. Este último combatiría duramente al norte de VillaVerde, generando un frente del que hablaremos con más detalle en otros apartados, pero que dejaba las lineas en campo abierto, en lo que hoy es Euskalduna, Rosales, Nuevos Rosales y en general todo el barrio de Butarque.

La Batalla por Madrid, 7 de noviembre de 1.936.
El ejército nacionalista penetra por la Casa de Campo y
comienza a ser “envuelto” por el republicano.
Fuente: Instituto Bachiller Sabuco Albacete (http://www.sabuco.com/)

Vicente Rojo (La Defensa de Madrid)

"[...] Antes de las 6 de la mañana del día 8, todas las unidades del frente estaban alerta. No se ocultó ni desfiguró el peligro a los combatientes ni a las gentes de la ciudad, a todos los cuales se dirigió el Comte. de la Plaza con una lacónica arenga: “Las fuerzas del enemigo, con todos sus elementos, están atacando Madrid. Espero de todos vosotros que no retrocedáis un solo paso. Quien dé orden en tal sentido será considerado faccioso y como tal debe ser tratado; de mí sólo se recibirá la orden de avance. Os felicita por la brillante actuación de hoy, vuestro general: Miaja.”

Desde el mismo día de la sublevación militar, las tropas rebeldes tenían como objetivo la toma a toda costa de Madrid. De esta manera, los insurgentes “subordinaron sus planes operativos y dedicaron las fuerzas más selectas de que disponían: españolas, marroquíes, tercio, italianas, alemanas, portuguesas y una brigada irlandesa, así como sus mejores medios de combate, de procedencia, como es notorio, alemana e italiana principalmente.” (J. Modesto) Evidentemente fracasaron en el intento a costa de grandes bajas, suponemos hoy que e ambos bandos.

Este ataque frontal de noviembre, que da nombre a la Batalla de Madrid y que Vicente Rojo describe desde la lectura de la orden capturada al enemigo como “a fuerza viva”, se extiende formando un arco desde la Ciudad Universitaria hasta VillaVerde, pasando por la Casa de Campo, lugar por donde debieron haberse introducido los invasores.

El fracaso rebelde de su obstinada y presuntuosa toma de Madrid no debió ser ni mucho menos sencillo. La capital aún se defendía con un ejército de circunstancias, formado en buena parte por civiles como el poeta Miguel Hernández en algún cuartel de Madrid “al que yo había llegado unas noches antes desde mi pueblo. Me dieron un fusil. Lo cogí como una cosa extraña y me lo eché al hombro. Me avergonzaba confesar que no sabía manejarlo [...]”

Durante los días de noviembre que duró la batalla principal, el intento de toma frontal y “a fuerza viva” de Madrid, fue confuso y difícil el control del ejército de milicianos. No debió ser sencillo cambiar el cotidiano oficio de cada ciudadano por el de militar de primera linea, inserto en una jerarquía castrense que exigía la ausencia inmediata de dolor, de miedo, o de al menos someterlos a un control personal para hacerlos dóciles a la instrucción militar.

Escenas que debieron ser trágicamente normales como las de la Plaza de Moncloa que, de pura casualidad fue zona elegida por el enemigo como lugar por donde quebrar la dura linea republicana, el mismo día en el que el general Miaja lo inspeccionaba:

La Defensa de Madrid (Vicente Rojo):

“[...]Salimos a la plaza, para observar directamente el frente de la Ciudad Universitaria, y culminó nuestra alarma al ver por dicha plaza, retirándose con algún desorden[...], mientras otros combatientes, más valerosos desde sus ametralladoras [...] hacían el fuego característico de las crisis del combate. Fuego ciego, precipitado, en el que más que eficacia y buena puntería, se pide a todos los santos que el arma no se encasquille. Nuestra presencia en la plaza de la Moncloa, he pensado muchas veces -porque creo en Dios- que fue providencial: los hombres que retrocedían en tropel se dieron cuenta de nuestra presencia, reconocieron al general Miaja, lo proclamaron a voces y bastó esto para que también en tropel volvieran a la línea de fuego, que aún no había ocupado el atacante.”

Por el flanco derecho del ataque a Madrid, el insurrecto Teniente Coronel Tella toma Getafe el 4 de noviembre y desde ahí el pueblo de VillaVerde y el Cerro Rojo (hoy Cerro de los Ángeles) en las dos siguientes jornadas. Cubriendo a su vez su flanco derecho, y paralelos a la carretera a San Martín, hoy Avenida de los Rosales, la caballería mora de Monasterio. Avanzan decididamente hasta un enclave al norte del pueblo de VillaVerde: el Cerro Basurero, un antiguo vertedero que será adelanto de las cruentas batallas que cercarán Madrid. En una linea que iba encima mismo de la Carretera a San Martín y paralela al Manzanares, Enrique Lister acosa al enemigo dejando el frente lejos de las defensas naturales del río. El flanco Este de la Batalla por Madrid se vivió intensamente en VillaVerde y lo que hoy es el Parque Lineal del Manzanares, un extenso capítulo aparte del GIPL.

Batalla por Madrid: 14 de noviembre.
Los frentes se han estabilizado notablemente y la maniobra envolvente
republicana deja las tropas rebeldes en una complicada posición que será fortificada.
Fuente: Instituto Bachiller Sabuco Albacete (http://www.sabuco.com/)

Se puede decir que la Batalla por Madrid comienza el 4 de noviembre de 1.936 cuando Getafe, Alcorcón y Leganés son tomados por el ejército nacionalista. Finaliza el día 23 de noviembre, cuando Franco ordena poner fin al ataque ante la delicada posición de sus tropas, muy expuestas y dependientes de largas lineas de suministro. Además, la República comienza a recibir un importante apoyo de efectivos humanos en las Brigadas Internacionales que, pese a lo creído, no participaron nunca en la Batalla por Madrid.

El fin de la Batalla por Madrid no supuso la lógica retirada del ejército perdedor a posiciones más cómodas, sino que muy al contrario recibió la orden de fortificarse y de no ceder un solo ápice de terreno. El objetivo era desmoralizar a las tropas republicanas, aunque fuera a un altísimo precio. Las tropas leales, ya fortificadas, continuaron un largo proceso, casi obsesivo, de atrincheramiento.

Tras el fracaso de la misión frontal, el ejército rebelde lo intentará lateralmente en dos ocasiones más: la Batalla del Jarama y la de Guadalajara, tendentes a estrangular la posición madrileña tomando la carretera de Valencia. En ningún caso hubo éxito, pese a la gran cantidad de bajas por ambos bandos.

MADRID RESISTE

En noviembre de 1.936 la ciudad de Madrid y su periferia sur y suroeste sufrieron un ataque frontal y contundente del ejército nacionalista insurgente. Parecía claro ya entonces que la II Guerra Mundial vivía su primer capítulo en la ciudad de Madrid.

Tropas bien preparadas funcionando como un gran bloque, profesionales del oficio de la guerra, actuaron por tierra y por aire, asediando la ciudad sin descanso, bombardeando por primera vez en la historia un gran núcleo de población civil indefensa. Alemanes e italianos ensayaron aquí el preestreno de su bélica actuación europea.

Frente a ellas un ejército creado a marchas forzadas, mal equipado y poco o nada entrenado. Soldados de improvisación movidos por el único empuje del sentimiento y la lealtad a la democracia y a la libertad. Un difícil cuadro defensivo al que se le pidió que resistiera a toda costa, que olvidaran el miedo y que estrenaran una valentía que nunca sirvió de nada en los trabajos en los que hasta hacía apenas horas se ganaban el pan. Pese a todo se alzaron con la muy honrosa victoria de la Batalla por Madrid.

“Madrid será la tumba del fascismo”, decían. No fue así. Pero su abnegada entrega, su lucha y su muerte no fueron en balde. Madrid jamás fue tomado. Nunca estuvo tan clara la voluntad de un pueblo que, independientemente del tamaño o la crueldad del enemigo, saldría a la calle a resistir, a defenderse con lo que tuviera a mano, contra los dictadores, contra los golpistas de cualquier época que quisieran robarles la libertad. Ese mensaje sigue plenamente vivo, retumbando en la historia del mundo, de España y por entre las trincheras del Parque Lineal, como un aviso a navegantes: Madrid resiste.

La contienda española fue un bocado difícil de digerir por las potencias extranjeras quienes, a excepción de Alemania e Italia ayudando abiertamente a los rebeldes, vieron con muchos recelos el conflicto, aislando internacionalmente a la República. Nos narra el General republicano Vicente Rojo, encargado de la defensa de la capital, como causó cierta sorpresa la tenaz resistencia de la ciudad, máxime ante la enorme diferencia de medios y de efectivos en liza. Un agregado de alguna embajada extranjera, suponiendo que el esfuerzo defensivo sería inútil ante tal desigualdad, irrumpió en los despachos del Comando para con cierta prepotencia, en medio de la confusión de las primeras horas y de la supuesta autoridad que pudiera tener ante un ejército de simples ciudadanos, exigir la rendición de las milicias:

General Vicente Rojo - Así fue la defensa de Madrid:

-¿Pero por qué no se rinden ya?
-¡Porque no nos da la gana! -fue la réplica.

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