Son numerosos los restos que la contienda dejó en el Parque Lineal y alrededores. Restos de munición y de distintos elementos de metal o de vidrio, continúan aún en los alrededores del PL, alimentando su valor histórico.
Cuando llueve, las aguas que recorren las trincheras de la Gavia traen recuerdos de la guerra. En las torrenteras es posible encontrar restos de los milicianos del Ejército Popular Republicano (EPR) que hayan resistido el paso del tiempo. Entre esos objetos encontramos cartuchos de los miles de tiros que debieron salir de los intrincados puestos de vigilancia milicianos.
El siguiente ejemplo es sobre la vaina (popularmente conocido como casquillo) hallada en una trinchera del Parque Lineal. La vaina contendría en su día el fulminante y, embutida en el extremo superior, la bala, que en este caso fue disparada. La vaina en cuestión es del calibre 7x57 mm, de los populares fusiles mauser.
El marcaje de la vaina durante la guerra civil fue muy controvertido. Frecuentemente se violaba el embargo impuesto por la política de “No Intervención” y los países no querían dejar rastro de su quebranto. También era norma no dar pistas al enemigo de las fábricas que abastecían a la tropa, para evitar los bombardeos de las mismas.
En este caso, el marcaje es simple, sin detalles. Tan solo una “M” en la base de la vaina. La factura de la pieza es de gran calidad, superior a lo que se solía ver en el frente, lo que ha suscitado alguna duda sobre su fabricación.
Vaina del cartucho "M", abundantes en el Parque Lineal
El único país del mundo que ayudó a la República Española ante la involución militar, fue Méjico. El compromiso del Gobierno de Lázaro Cárdenas del Río fue valiente en tiempos de una política internacional muy complicada. Desde el comienzo hasta el último día de la guerra, Méjico apoyó con todos los medios de su ejército la defensa del Estado Republicano. Las vainas del 7x57 fueron importadas desde este país. Al menos eso debemos suponer, porque fue la violación flagrante de un embargo.
Ahora bien, el significado de la “M” nunca ha sido descubierto, pudiendo ser perfectamente “Méjico” o “Madrid”, lugar en el que fueron usadas. El montaje de la cartuchería se hizo a ciencia cierta según todas las fuentes consultadas, en Madrid, más concretamente en la fábrica de Standard Eléctrica SA, quien las fabricó, cargó y recargó, para las milicias que defendían la capital.
El 13 de octubre de 1.936, fueron desembarcados en el puerto de Cartagena 13 aviones "Polikarpov I-15" transportados por el buque soviético “Bolshevik”. El 15 de noviembre de ese mismo año los I-15 tuvieron su bautismo de fuego en la batalla de Madrid. El “aporte” soviético a la causa republicana no fue jamás a fondo perdido y las unidades se pagaron con el “Oro de Moscú”.
”Chato” del voluntario Estadounidense Harold DhalLos Polikarpov I-15 fueron apodados por los milicianos con el sobrenombre de “Chatos”, por el característico gran tamaño de su morro plano. Este tamaño era el resultado de un enorme motor en un avión relativamente más pequeño, lo que le daba una maniobrabilidad sorprendente, por encima de sus oponentes alemanes e italianos (Heinkel He-51 y Fiat CR-32).
Esta misma característica unida a su corta longitud y al diseño de su tren de aterrizaje, hizo que el principal enemigo del “Chato” fueran los accidentes en la maniobra de aterrizaje, muy frecuentes debido a la inexperiencia de sus tripulaciones.
La actuación de los “Chatos” en la batalla de Madrid fue más bien moralizante, al actuar en dos únicas escuadrillas, sin que probablemente decantarán el triunfo de la batalla al Ejército Popular Republicano.
La población de Madrid sale a las calles a recibir al nuevo combatiente republicanoLa aparición de los “Chatos” en la ciudad sitiada fue una inyección de adrenalina a una población que empezaba a ser duramente castigada, por vez primera en la historia militar. La población vislumbró en los cielos de la capital otros aviones que hacían frente y derribaban a los rebeldes, tras lo que decidió hacer caso omiso de las sirenas antiaéreas para salir a la calle a disfrutar de este truculento espectáculo. Es importante decir aquí que los aparatos de los que disponía hasta entonces la República eran obsoletos y en buena medida inoperativos, por lo que la sorpresa fue enorme tanto para los vecinos de Madrid como para los aviadores rebeldes, que vieron como se perdía la superioridad aérea que hasta la fecha habían mantenido sin apenas esfuerzo.
Tal fue la sorpresa por la irrupción de los “Chatos” en los cielos de Madrid, que al ser derribado el piloto Sergei Tarkov en plena batalla, este salta en paracaídas y al llegar al suelo es apresado por la población civil, sin probablemente llegar a escuchar las explicaciones del piloto soviético. Muere en el hospital Gómez Hulla el 20 de noviembre.
Sin embargo la actuación más importante de los “Chatos” en el escenario bélico de la provincia de Madrid fue en la Batalla del Jarama, donde combatieron al menos cuatro escuadrillas.
Harold Dhal posando junto a su Polikarpov en febrero del 37, durante la Batalla del JaramaLas trincheras y distintas fortificaciones republicanas de la vega del Manzanares, bordeando el Parque Lineal, fueron el nexo de unión entre los ejércitos que defendían el sur de Madrid (Batalla del Jarama) y los que lo hacían de la toma directa de la capital por la zona de la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria.
No es extraño por lo tanto hoy, al pasear por el Parque Lineal encontrar objetos que recuerden el hecho de que un día, tal vez en la Batalla de Madrid o en la del Jarama, los “Chatos” gobernaron el cielo de VillaVerde con sus dos ametralladoras Nadashkevich PV-1 de 7,62 mm a ambos lados del fuselaje disparando a través de los cilindros del motor.
Eslabón de la cinta de las ametralladoras del “Chato”. Parque Lineal del Manzanares (Butarque)
La cinta de la ametralladora de estos aparatos era del tipo “desintegrable”, esto es, que era expulsada al hacer el disparo. La cadena formada por estos eslabones desechables tenía como bisagras a las propias balas.
La hallada en el Parque Lineal es un pedazo de la original, muy probablemente porque al alcanzar el suelo se partían, y es de las usadas por los “Chatos”.
Cinta original del aparato. Sobre ella superpuesta la del Parque LinealEl total de “Chatos” recibidos por la FARE (Fuerzas Aéreas de la República Española) procedentes de la URSS, fue de 186 aparatos. España llegó a fabricar el I-15 hasta alcanzar la cifra de 300 aviones en total, de los cuales 63 ni siquiera llegaron a entregarse, siendo utilizados por la aviación Franquista varios años después.
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