La FRAVM condena el desalojo de El Patio Maravillas y reclama la cesión de un espacio público para las entidades del barrio

La Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) condena el desalojo del centro social autogestionado El Patio Maravillas, un proyecto comunitario que, en poco más de cinco años, ha construido un importante punto de encuentro y actividad sociocultural en un distrito con graves déficit en materia de equipamientos públicos. Durante este tiempo, los activistas del Patio han organizado centenares de actividades gratuitas para la ciudadanía madrileña, han prestado servicios básicos que las administraciones públicas han negado a las personas más desfavorecidas a través de la Oficina de Derechos Sociales y se ha convertido en espacio de encuentro de multitud de colectivos, organizaciones sociales y plataformas ciudadanas que carecen de espacios de reunión. En el último año, El Patio Maravillas ha intentado, en vano, reunirse con el equipo de Gobierno municipal saliente para alcanzar una solución negociada que permitiera garantizar la continuidad de las actividades del centro social. La FRAVM reclama al nuevo equipo de Gobierno municipal que ceda un espacio de titularidad pública al colectivo que gestiona el centro social y al tejido asociativo del barrio, formado por muchas entidades que llevan años trabajando en beneficio de la comunidad a pesar de carecer de un local abierto al público, como la Asamblea Ciudadana del Barrio de Universidad (ACIBU) o la AV Barrio de Justicia, una situación que comparte la vecina AV Chueca. La federación vecinal hace extensible esta demanda para el Espacio Vecinal Arganzuela (EVA), un colectivo ciudadano que pide la cesión de parte del antiguo mercado de frutas y verduras de Legazpi en un distrito, Arganzuela, en el que ninguna de las asociaciones vecinales cuenta con local y que se quedaron sin espacio de reuniones tras el desalojo del Centro Social La Traba. En Madrid hay antecedentes, como el Centro Social Seco, El Campo de la Cebada o el Espacio Vecinal Montamarta que demuestran que el impulso de la autogestión ciudadana de espacios públicos es una cuestión de voluntad política. A la luz de los resultados de estas experiencias, deberían multiplicarse en todos aquellos distritos en los que existe un tejido social organizado toda vez que terminan convirtiéndose en focos dinamizadores de la participación ciudadana y en espacios de encuentro, solidaridad, experimentación y creatividad.