El biogolf, o cómo Aguirre reparte subvenciones a su deporte favorito

En la pantalla se suceden las imágenes de un águila real, unas cigüeñas descansando felizmente en su nido, un arroyo de agua que corre libre y un pastor con sus ovejas. De repente, entre la espesura verde, aparece un grupo de jugadores de golf que, conduciendo sus aperos, pretenden disfrutar del juego en un entorno tan verde como aparentemente inmaculado. La Fundación para la Investigación y el Desarrollo Ambiental (FIDA), entidad que se encargará de ejecutar el Proyecto Biogolf, presentaba a finales de 2010 una iniciativa impulsada por la Comunidad de Madrid, que pretende crear “reservas de la biodiversidad” en los campos de golf de Madrid. Recientemente, la Comunidad de Madrid ha firmado un convenio con cinco campos de golf –La Herrería (San Lorenzo de El Escorial), Lomas-Bosque (Villaviciosa de Odón), Centro Nacional de Golf (Madrid), El Encín (Alcalá de Henares) y Aranjuez–, que serán pioneros en este “cambio de look”. “Difícilmente un campo de golf puede ser “bio”, teniendo en cuentas las características de escasez hídrica que vive la Comunidad de Madrid”, expresa a DIAGONAL Raúl Urquiaga, portavoz del Grupo de Acción para el Medio Ambiente (GRAMA), quienes estiman que las 36 instalaciones de golf existentes en la Comunidad consumen un total de 10 millones de metros cúbicos al año “tirando a la baja”. Ecologistas en Acción contabiliza que los campos de golf existentes en Madrid “se beben”anualmente el consumo equivalente a una ciudad de unos 150.000 habitantes. Desde Ecologistas se critica que, para atender las demandas de dichas instalaciones, el Canal de Isabel II cierra durante el verano las presas del Jarama de El Vado y El Atazar, provocando la desecación de los cauces en los tramos altos. “El biogolf es un engaño, una manera de crear una imagen positiva del deporte entre la opinión pública”, asegura Urquiaga, quien considera que hay un intento de la Comunidad y de algunos ayuntamientos para fomentar la construcción de campos de golf en terrenos públicos. “De aquí viene esta campaña de propaganda para legitimar estas instalaciones”, concluye. A través del “biogolf”, la Comunidad intenta revalorizar las instalaciones, habilitando zonas de refugio para animales y cajas-nido, y adecuando las balsas de agua para introducir anfibios e incluso liberando aves autóctonas, entre otras actuaciones. Por otro lado, en el proyecto se apunta la implementación de medidas para “optimizar los recursos hídricos”fomentando la utilización de aguas recicladas, tal y como informaban mediante comunicado de prensa. Parque Natural de quita y pon Más allá de los problemas hídricos que generan los campos de golf, existen otros impactos sobre el medio que tienen que ver con el reemplazamiento de un ecosistema natural por un ecosistema artificial. Así, Juan García, portavoz de Ecologistas en Acción, denuncia que “no se puede convertir un campo artificial en un Parque Natural de quita y pon”, ya que, además, se utilizan todo tipo de insumos artificiales como herbicidas y pesticidas. En ese sentido, la Asociación Green Cross España declaraba que “si bien ciertos campos de golf pueden ser apreciados por algunos sectores de la sociedad a nivel paisajístico, no poseen las mismas funcionalidades ecosistémicas que los entornos naturales que han sido sustituidos por el campo de golf”. No obstante, en Madrid se siguen promoviendo este tipo de instalaciones, incluso en espacios protegidos como el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. Allí, el Ayuntamiento de Tres Cantos, junto con la Real Federación de Golf de España, han promovido la instalación de un campo de golf que podría convertirse en la sede de la Ryder Cup 2018. Para intentar frenar su construcción, distintos colectivos ecologistas han presentado una pregunta parlamentaria por mediación del diputado Raúl Romeva del grupo parlamentario Los Verdes/ALE a la Comisión Europea. Basan la pregunta en la vulneración de la Directiva Hábitats que producirá la construcción del campo de golf, autorizada por la Dirección General de Evaluación Ambiental de la Comunidad de Madrid. Pero esto no acaba aquí. “Ya existen más de siete nuevos campos de golf previstos. Hay una intención clara de convertir Madrid en un destino turístico del golf. Esto es un objetivo, principalmente, de la propia Esperanza Aguirre y, detrás, estamos investigando posibles intereses familiares”, sentencia el portavoz de GRAMA. Agua gratis para los campos El Plan Madrid Depura, iniciativa elaborada por el Canal de Isabel II para procurar la instalación de tratamiento terciario en todas las depuradoras de la Comunidad, señala que se pretende disponer de 70 millones de metros cúbicos anuales de aguas recicladas para regar “zonas verdes públicas, campos de golf, usos industriales y baldeo de calles”. “Allá donde haya un campo de golf, los objetivos de zonas verdes, baldeos y otros usos no se pueden cumplir, ya que el campo se lleva la práctica totalidad del agua de calidad tratada”, alerta Raúl Urquiaga, portavoz de GRAMA, quien recalca que el Canal diseña, construye y paga las conducciones “hasta las mismas puertas de los campos; es decir, se invierte dinero público para beneficio privado”, dice.