¿Y si se pudiera navegar por el Real Canal del Manzanares?

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Los madrileños siempre han presumido de que en el río Manzanares tenían «su playa», pero muy pocos saben que por sus aguas navegaron un día los barcos. La idea, que se materializó en el siglo XVIII en uno de los tres canales fluviales de España, recibió el nombre de Real Canal del Manzanares. De él, y de los 21 kilómetros navegables que llegó a tener entre el Puente de Toledo y Rivas Vaciamadrid, sólo quedan hoy un cauce desdibujado y una plataforma de amigos que quiere que se reconozca su valor histórico para volver a hacer posible «el sueño». El canal se comenzó a construir en 1770 por iniciativa privada y fue continuado por el Estado debido al gran interés público que suscitó en la época. Según los historiadores, la idea venía de lejos y Carlos I y Felipe II ya la acariciaron, aunque nunca se llevó a cabo. Una vez concluido, discurrió de forma paralela al río Manzanares hasta Rivas Vaciamadrid, atravesando lugares como la Cañada Real Galiana, el Abroñigal o Perales del Río. Fue en tiempos del «Rey Alcalde», Carlos III, cuando se inauguró para facilitar el transporte de materiales de construcción, fundamentalmente yesos. De ahí el nombre del madrileño Paseo de Yeserías, por cuyo tramo inicial discurría –paralelo al río– el canal. Hubo un segundo proyecto de canal navegable, el del Guadarrama, que no se llegó a materializar y del que sólo queda la presa del Gasco, que se construyó para controlar sus aguas. El canal tuvo dos embarcaderos: el de Madrid –desaparecido por completo– y el de Rivas, del que sólo existe una fotografía de Jean Laurent de 1863. Aunque funcionó durante casi un siglo, el canal nunca se vio culminado. La Guerra de la Independencia, la pérdida de las colonias y la crisis económica afectaron al proyecto, que nunca llegó hasta el Tajo como estaba previsto. Funcionó hasta 1860 cuando perdió su sentido por la llegada del ferrocarril. La construcción de las vías del tren a Aranjuez, a mediados del siglo XIX, ocasionó importantes daños a esta histórica obra de ingeniería civil. Años más tarde, sólo serviría como acequia de riego para las huertas próximas. A pesar de ello, se sigue conservando el 75% de su cauce, según cuenta Álvaro Bonet desde la Asociación Ciudadanía y Patrimonio. «En la capital no queda ni uno sólo de los elementos que formaban parte del canal. No obstante se conservan 13 de los 22 elementos, entre puentes, esclusas y edificaciones auxiliares fuera de los territorios urbanos», explica. Además, en torno al canal se estableció una importante industria relacionada con los materiales de construcción, papel, pólvora, gusanos de seda para la Real Fábrica de Tapices y caolín para la fábrica de Porcelanas del Buen Retiro. Asimismo, se construyeron varios puentes a lo largo de su cauce de los que se conservan en buen estado el de los arroyos del Congosto y de Los Migueles. En canal a través de los escritores Son muchos los autores que han hecho referencia al Real Canal del Manzanares. Historiadores, archiveros y políticos han recogido el testimonio de la «agridulce vida» de este canal. Madoz, a través de su «Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar», es el autor que más luz ha vertido sobre esta desconocida obra civil madrileña. La plataforma de amigos del canal realizó en 2009 un estudio –encargado por la dirección general del Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid– documentado en dicha obra y en los fondos del ministerio de Fomento. El trabajo de investigación estuvo dirigido desde la Escuela de Caminos, Canales y Puertos por Mercedes López y fue redactado por Álvaro Bonet y Miguel González. Gracias al estudio, hoy se sabe que «por culpa» del canal navegable se plantaron en Madrid más de dos millones de árboles en tiempos de Carlos III. Un hecho que recogió en una de sus obras Wenceslao Ayguals de Izco. El objetivo de esta asociación de amigos no es otra que la de conseguir proteger los restos que aún se conservan y que tienen un índice de protección muy bajo. «Las partes incluidas dentro de las terrazas del Manzanares tienen afecciones de Bienes de Interés Cultural (BIC), el resto sólo está catalogado como elementos históricos dentro del Parque Regional del Sureste», comenta Álvaro Bonet. «Gracias a la plataforma conseguimos que se procediera a la excavación de la quinta esclusa cerca del cerro de la Gavia. Fue muy emocionante ver a la luz sus treinta metros de largo. Sin embargo, en pocos meses, hemos asistido impotentes a su enterramiento bajo las vías del desdoblamiento de la línea férrea de Levante. Sabemos que no va a ser fácil pero… ¿y si se pudiera navegar por el Real Canal del Manzanares en un futuro? Tal vez sea posible si conseguimos difundir esta historia olvidada entre todos los madrileños», concluyen desde la plataforma. Fotos facilitadas por la Plataforma de Amigos del Real Canal del Manzanares.